me he cruzado
varias veces
con el tormentoso
caminar
de la vida.
eterna, inmensa
y tan
menguante.
¡Cuántas miradas
iracundas y sedientas
de sonidos de
caracolas!
¡Cuántas palabras
irascibles y sedientas
de ternura!
orbitando entre mentes
que estallan en
junglas salvajes
e imperecederas
que entonan cual mariquitas
el color rojo de la
existencia.
amor para la guerra,
sangre para el amor.
y donde dormitan
las ostentosas
marmotas de niebla,
ahí es donde debo estar.
Donde las sinuosas
luces juegan y bailan
etéreas, paralizando
hasta el más firme
corazón.
buscando, a mi pesar,
entre redes robustas,
la sangre derramada
que ha condenado a mi
alma a sucumbir
en la penumbra
colosal.